El gobierno de los mindundis
Escribo estas línea conmocionado por la catástrofe del pasado 29 de Octubre. Los periódicos al día siguiente ya la llamaban con propiedad “apocalipsis en Valencia” Y así fue. Un paisaje digno de una película distópica.
Esa noche los vecinos de Letur, Chiva, Paiporta, Benetúser, Torrente, Alfafar, Algemesí, Aldaya y así hasta completar una larga lista de 75 municipios vivieron una noche que no podrán olvidar.
La visita del jefe del Estado se produjo cinco días más tarde. En esos cinco días la administración, capitaneada por mindundis, anduvo como pollo sin cabeza. En esos cinco días los vecinos convivieron con sus muertos, pasaron frío, miedo, sueño, hambre, sed y estuvieron incomunicados. Su paciencia y su capacidad de resistencia también se desbordó como el barranco del Poyo. Una oleada de indignación se levantó el pasado domingo durante la visita real. No era contra el rey, algunos vecinos así lo manifestaron, pero se desbordó como el tsunami que arrasó sus pueblos.
Los Reyes resistieron con coraje soportando el fango que ni se merecían ni iba contra ellos. Todo un gesto que no olvidaremos.
En la prensa, en la radio, tertulianos en los programas de televisión, en las redes sociales se han realizado crónicas, análisis y comentarios la mayoría de ellos críticos y en general acertados.
No se entiende como en Florida un tornado devastador provoca apenas dos o tres muertos. O un terremoto en California solo provoca daños materiales. Las riadas en la cuenca mediterránea se vienen produciendo desde que hay registros, allá por el siglo XIV, así que no es nada nuevo.
¿Tiene protección civil un plan estructurado de evacuación o prevención? Si existe nadie lo conoce. ¿Se explica en las escuelas como debe procederse ante una riada?¿Se realizan en los medios campañas de autoprotección y salvamento?
No es mi intención insistir en estos detalles que ya lo han hecho otros articulistas.
Mi pregunta es ¿por qué hemos dejado que nos gobiernen los mindundis?
A esta pregunta desde mi punto de vista solo hay una respuesta. La clase política, derecha, izquierda o centro desde hace 40 años ha vampirizado la sociedad civil, ha infiltrado como un cáncer la Administración central en cargos que debería ser técnicos para colocar a sus amiguetes. Y esa infiltración se ha ido realizando poco a poco como las metástasis de un tumor maligno, primero la justicia, la educación, la sanidad, los funcionarios de Hacienda, la Cruz Roja, RTVE, la prensa, la fiscalía, el consejo de Estado, el Banco de España, el Tribunal Constitucional, el defensor del pueblo, la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Y desgraciadamente se ha extendido hasta puestos como Protección Civil o Aemet.
Ese es el país que nuestros políticos han diseñado sin que nadie levante la voz.
¿Nos lo merecemos y lo deseamos? Hay que decir basta y hay que pedir rendición de cuentas. No basta con decir lo siento me equivoqué, en política las equivocaciones se pagan con la dimisión. La política no es una religión. Yo soy rojo, yo soy azul. La política está al servicio de los ciudadanos y es el arte de gestionar con eficiencia e inteligencia los recursos públicos.
El votante debe saber que su voto no está cautivo, ni es útil o inútil. El voto premia o castiga. Ese es el tremendo poder de la democracia. Pero para eso el ciudadano debe ser reflexivo y no dejarse llevar por ideas irracionales sino por los hechos, los datos.
Como sociedad hemos elegido mal y debemos asumir nuestra parte de culpa. No hemos sabido reaccionar a tiempo. ¿No nos hemos percatado de que nuestro silencio nos ha llevado a un terreno pantanoso del que como sociedad no va a ser fácil salir? Necesitamos gente preparada y capaz para ocupar determinados puestos de la administración. Hay que blindar ciertos niveles para que no sean asaltados por inútiles con carnet de partido en la boca, para que no sean instrumentalizados por el poder político.
En definitiva recuperar una sociedad civil potente. Esto es justo lo contrario de lo que se ha hecho en estos cuarenta años. Si nuestra clase política no capta este mensaje estamos abocados a terminar en la cuneta de la historia como una democracia tutelada y débil.
“El pueblo salva al pueblo” es en esencia este mensaje: ¡Salvadnos de los mindundis!
Fin del mensaje.
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