Ucrania: ¿Es posible la paz?
Han pasado cuatro años desde que un 24 de febrero del 22 Putin desplegara la operación especial. En teoría sería una operación rápida. Se tomaría el poder en Kiev, se "desharían" o capturarían a Zelenski y toda resistencia sería neutralizada con eficacia. Las cosas no se desarrollaron según lo planeado. Después de cuatro años Ucrania es un montón de escombros, con hospitales atacados por drones, centrales eléctricas bombardeadas, apartamentos y viviendas en ruinas.
El invierno del 26 no está siendo muy amable en aquella región donde las temperaturas han alcanzado los 20 grados bajo cero y la población se ha visto privada de calefacción y suministro eléctrico.
La situación en el frente se muestra como el paisaje congelada. Putin parece más interesado en causar daños en industrias, centrales eléctricas, hospitales y daños en edificios civiles. Se objetivo es que la guerra llegue a cualquier rincón del territorio y que ningún civil piense que está a salvo.
Por otra parte el objetivo de Kiev es dañar la red gasística y petrolera de su rival y deteriorar al máximo su fuente de ingresos
Se calcula que las bajas rusas pueden alcanzar la cifra de un millón y las ucranianas entorno a las ochocientas mil.
Rusia parece resistir sin demasiados daño en su economía a pesar de las sanciones y de la persecución de la flota fantasma. La inflación está castigando a su población que un tanto por ciento muy elevado, casi el 60%, se manifiesta en apoyo de su gobierno y a favor de la guerra.
Putin no muestra ningún interés en un alto el fuego y, mientras sus funcionarios negocian, lanza misiles y drones en número creciente. Sus demandas son claras y han variado bien poco:
1.-Ucrania no puede integrarse en la OTAN ni formar parte de la Unión Europea.
2.-Las garantías de seguridad las ofrece Rusia. No pueden haber tropas europeas o norteamericanas
3.-El ejército ucraniano quedará reducida a una fuerza testimonial.
4.-Occidente y Ucrania aceptarán la posesión de Crimea y las cuatro regiones del sureste en conflicto que Rusia considera parte de su territorio.
Kiev podría aceptar con reservas el punto cuatro pero ninguno de los otros tres. Bruselas al igual que Kiev podría aceptar este cuarto punto pero ninguno de los otros. La administración Trump aceptaría todos los puntos. Aunque ese punto de vista no es compartido por una parte importante de la opinión pública norteamericana ni por el núcleo duro de los funcionarios que contemplan con recelo a Moscú y opinán que no es socio fiable. A pesar de todo si el presidente diera el visto bueno se firmaría el armisticio.
Sin embargo la realidad muestra que tanto Ucrania como los europeos se encuentran muy lejos de un entendimiento con Moscú.
La pregunta que muchos nos hacemos en la actualidad después de 4 años de guerra es: ¿existe alguna esperanza de llegar a un acuerdo para alcanzar la paz? La respuesta es no, ¡ninguna!
El conflicto se ha convertido en una guerra de desgaste en la que ambos contendientes son incapaces de derrotar a su rival pero sí para causar daños que suponen, a largo plazo, destruirán su capacidad de resistencia.
Moscú tiene una población cinco veces la de su oponente, un territorio inmenso, recursos casi inagotables, petróleo, gas, oro, minerales. Pero Kiev no está sola. Su aliado europeo contempla a Putin con recelo y teme que Ucrania sea solo el principio. Rusia ha mostrado a lo largo de su historia un interés desmedido por agrandar sus fronteras hacia el este y el oeste. Después podría venir Lituania, Estonia, Finlandia. Los polacos tampoco están muy satisfechos con la política desarrollada por Trump.
Y esto nos lleva al punto final. El conflicto se ha cronificado y transformado en una guerra de atrición. Ninguno de los implicados en la guerra, Kiev, Bruselas, Moscú parece dispuesto a ceder en sus pretensiones.
Que nos deparará el año 26 es todavía un misterio. Sin embargo para Europa, para Estados Unidos y para el mundo es motivo para preocuparse tener un conflicto abierto en la frontera este de Europa, una guerra con una potencia nuclear, cuyo final solo se vislumbra cuando una de las partes ceda por agotamiento, lo que implica una guerra prolongada. Este escenario, dentro de una Europa en crisis, sin liderazgo claro, con la opinión pública dividida, con un aliado poco fiable, Estados Unidos que se desentiende del problema, e incluso quiere apoderarse de una parte del territorio de sus aliados, no es precisamente el mejor escenario para contemplar el futuro con optimismo. En definitiva, a corto plazo no será posible la paz.
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