Gibraltar
Escribir sobre Gibraltar es como cuando en la familia se hace referencia a ese miembro poco honorable del que todo el mundo se avergüenza. Los españoles no hablamos de Gibraltar, lo ignoramos, y si no lo mencionamos no existe. Ese silencio es el reflejo de nuestro bochorno y de nuestro fracaso diplomático como nación. Y ya van 322 años. Sin embargo de vez en cuando en la prensa surge una noticia sobre la Roca, leemos los titulares y pasamos página. No vale la pena perder el tiempo por un peñasco.
Hace ya muchos años leí un artículo de Salvador de Madariaga publicado primero en una revista británica y más tarde en Destino en Junio de 1968, decía: "El problema de Gibraltar no puede estar más claro. Lo que es oscuro es la actitud de Inglaterra sobre el mismo" El Reino Unido siempre ha aplicado con respecto a la Roca una política de hechos consumados. Se apoderó del istmo, levantó la verja (1909), construyó un aeropuerto (1942) que viola el espacio aéreo español, levantó diques y un puerto en aguas territoriales españolas.
Pues bien, tal vez hoy, casi 60 años más tarde don Salvador pensaría que también los españoles hemos tratado de emborronar el problema hasta el punto de hacerlo irreconocible. Ello viene a cuento de las recientes negociaciones de la Unión Europea con Reino Unido a propósito de la Roca. La diplomacia española se ha inhibido y dejado a los funcionarios comunitarios que tomen las riendas. El resultado ha sido una negociación fría, aséptica donde se han aparcado los temas patrióticos o sentimentales. Los gibraltareños tendrán "casi" todas las ventajas de pertenecer a la unión europea pero sin pertenecer a la unión europea. Podrán circular libremente por el espacio Schengen. También los residentes en el Campo de Gibraltar y quienes trabajen en el Peñón obtienen ventajas. Desaparece la verja y por lo tanto las colas en el acceso y los controles. Obtienen derechos sociales. Gozarán de los mismo derechos que los gibraltareños.
El aeropuerto se utilizará de manera conjunta de forma que podrá ser utilizado como un destino de la Unión Europea. Por lo tanto aumentará su tráfico y la Roca y Reino Unido se beneficiará de una mayor rentabilidad del mismo. Gibraltar garantiza sus comunicaciones y suministros por tierra, deja de estar aislado.
El acuerdo se plantea como instrumental, práctico y se obvia el espinoso tema de la soberanía. ¿Quien gana y quién pierde? Ambas partes ganan pero sin duda Reino Unido sale más beneficiado pues consigue una utilización completa del aeropuerto, suministros por tierra de forma garantizada, mano de obra de la que carece de forma estable. Admite el control de fronteras por parte de las autoridades españolas y admite el veto de la administración española para residentes en el Peñón. Madrid también gana, pues una vez la diplomacia española abandonó la vía jurídica estricta en base al tratado de Utrecht (1713), o la resolución de naciones unidas, que la diplomacia inglesa ignora, una política de "puertas abiertas" tal vez consiga que la población del Peñón se integre en el modo de vida hispánico, se sientan más europeos y menos británicos.
¿Es un paso para la cesión de la soberanía sobre la Roca?¡Absolutamente no!
La España del siglo xxi nada tiene que ver con aquella del siglo xviii (1704). Reino Unido es hoy nuestro aliado y mantenemos una relaciones diplomáticas y comerciales fluidas. Infinidad de ciudadanos británicos tienen propiedades y negocios en la península. Muchos incluso han fijado nuestro territorio como punto de residencia estable. Existen en España bases militares norteamericanas. Y aunque la utilización es conjunta y existen diferencias jurídicas importantes el resultado es que una parte del territorio está ocupado por un contingente militar, aliado, pero extranjero. Podemos "fingir" que el Peñón es una base de nuestro aliado en la OTAN cuyo uso es exclusivo de Gran Bretaña.
Gibraltar tiene un base militar y es un punto estratégico en el acceso al mediterráneo. Es lo que siempre ha justificado la presencia de Inglaterra. Ni Estados Unidos ni el Reino Unido van a deshacerse de la misma. En ese caso España podría controlar las dos orillas de acceso y salida. Marruecos ya ha manifestado en más de una ocasión que si Madrid recupera Gibraltar debería ceder Ceuta y Melilla.
Gibraltar también tiene un lado oscuro. Un lado del que no hablan los políticos y rara vez se habla en la prensa. La Roca ha sido tradicionalmente durante décadas el prototipo de paraíso fiscal y un lugar donde blanquear dinero. Es el nodo principal de juego on-line. También se realiza un tráfico considerable de operaciones en criptomonedas que presentan un opacidad total. Ofrece facilidades para crear sociedades que son, en realidad, pantallas de grandes fortunas o del crimen organizado.
Donde la oscuridad se vuelve impenetrable es con la droga y con el contrabando de tabaco.
Respecto a la droga las dos sustancias prevalentes son el Hachís y la cocaína. El estrecho es la zona principal por donde entra la droga marroquí a Europa. El contrabando de tabaco, aunque parece un delito menor, supone pérdidas considerables para la hacienda pública. Muchos jóvenes, sin empleo, o con necesidad de ganar un dinero "fácil", son captados por estas mafias como "vigilantes" o conductores de lanchas.
Finalmente está muy extendida un práctica conocida como "bunkering". El bunkering es suministrar combustible a un barco y se puede realizar de distintas formas. Si estas maniobras no se realizan adecuadamente pueden causar vertidos y contaminar. Gibraltar es el puerto dónde esta práctica está más extendida. Legalmente según el tratado de Utrecht el Peñón no tiene aguas territoriales. Así que está práctica es ilegítima, desde el punto de vista español y por lo tanto comunitario, y supone una competencia desleal con otros puertos españoles como el de Algeciras.
En el acuerdo se han tratado la mayoría de estos puntos negros y el gobierno local se compromete a cooperar en transparencia fiscal, controlando empresas pantalla y cooperando con la policía. El objetivo ha sido homologar al Peñón con los estándares europeos en materia de impuestos y control de mercancía.
En definitiva pues, no parece un mal acuerdo.
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