Mr Trump en el avispero
Se denomina un "cisne negro" a un acontecimiento inesperado, impredecible y de consecuencias desestabilizadoras a nivel global. El siglo xxi parece ser prolífico en este tipo de eventos. Comenzó con el desastre de las Torres gemelas, 2001, la guerra de Irak, 2003, el colapso financiero de 2008, invasión de Crimea, 2014, la Covid 2020, la guerra de Ucrania, 2022, y ahora la guerra de Irán.
Tras el espectacular y exitoso secuestro de Nicolás Maduro, Trump, expresado en sentido coloquial, se ha venido arriba. Parece haber depositado una confianza ilimitada en sus fuerzas armadas. Israel, siempre a lo largo de los años, ha tratado de involucrar a Estados Unidos de manera directa en su cruzada contra sus enemigos. Después de la masacre del 7 de octubre lo intentó con la administración Biden sin éxito. Y ahora lo ha intentado con la administración Trump. El "núcleo duro" de la administración no estaba por apoyar esta aventura. El general Dan Cain expresó sus dudas sobre la capacidad militar de Estados Unidos para alcanzar los objetivo planificados. El director del Centro Nacional antiterrorista, Joe Kent, fue más radical y presentó su dimisión.
Según los cálculos de Washington la guerra duraría cuatro semanas y los objetivos propuestos eran:
1.- Cambio de régimen en Irán.
2.-Acabar con la capacidad iraní de enriquecer uranio y por lo tanto de disponer de una artefacto nuclear.
3.-Destruir su potencial de fabricar misiles balísticos
El costo de la campaña según los estimaciones iniciales rondaría los dos mil millones de dólares al día. Es probable que dicha estimación se haya quedado corta a la vista de los daños causados en la estación de radar de Catar, valorada en mil cien millones, o los aviones perdidos en la operación del rescate de los pilotos de los F15 abatidos.
En el lado iraní el panorama resulta devastador en pérdidas humanas. Los números son difíciles de cuantificar y según los iranies estarían en unas 3500 vidas humanas. Según los atacantes en unas 7.000. Los daños en estructuras civiles y militares, edificios, carreteras, industrias, refinerías ha sido devastador. El país tardará años en recuperarse. La operación Furia Épica ha demostrado una capacidad destructiva enorme. Tanto los israelies como los norteamericanos han sido capaces de identificar, situar y matar a líderes concretos.
Toda esa energía estaba dirigida a un objetivo específico: el cambio de regimen. El cálculo de algunos estrategas en Washington era que una vez decapitado el regimen, sucería el caos, una rebelión popular y se instauraría un régimen más amable con occidente y los israelís o bien una guerra civil o la instauración de un estado fallido. Todo estos cálculos han fallado. El regimen se ha mostrado sólido y parece que los ayatolahs se han dotado de un estamento militar firme y cohesionado.
El problema de la administración Trump es que se encuentra atrapada en el dilema de las grandes potencias. Si no gana pierde. Por el contrario Irán, la parte más débil, si no pierde gana. Y este conflicto tiene muchas similitudes con la guerra de Vietnam como han señalado muchos cronistas norteamericanos.
Como hemos señalado los ataques israelís y norteamericanos han causado destrozos enormes en las estructuras civiles y militares. Nadie, excepto los propios iranies, conoce a ciencia cierta hasta que punto está dañada la capacidad nuclear del régimen de los ayatolahs. Suponemos que dicha capacidad está comprometida de manera importante pero desconocemos cuántos años serán precisos para reconstruirla.
Por otra parte el régimen iraní siempre afirmó que no está entre sus planes el convertirse en una potencia nuclear. Esta afirmación nunca fue creída por Washington o Tel Aviv. Sin embargo cualquier negociación se basa en la confianza. Así que en algún momento, tanto Israel como Estados Unidos, tendrán que aceptar la palabra de su rival.
Han transcurridos casi dos meses desde que se inició la Furia Épica. El primer objetivo propuesto no se ha conseguido y los otros dos es muy probable que se hayan alcanzado pero se desconoce el nivel destrucción y la capacidad de los iranies para restablecer la producción.
Mientras tanto el mundo ha vivido una situación de pánico en los mercados con caídas en bolsa, subidas espectaculares en los hidrocarburos, fertilizantes y derivados del petróleo. Irán ha descubierto el talón de Aquiles de la economía global: La energía. Petróleo, helio, nitrógeno, gas son elementos imprescindibles para mantener industrias, producir patatas, calentar las casas, transportar mercancías, viajar. Cerrar el estrecho de Ormuz con minas marinas, artefactos sencillos y baratos, le permite mantener la economía mundial en vilo.
Las preguntas son: ¿Cual es la capacidad de resistencia iraní?¿Cual es la capacidad de resistencia de la economía global? Todos los expertos coinciden en que si la guerra terminara mañana las economías occidentales tardarán entre 5 a 6 meses en estabilizarse. Cuanto más se prolongue el conflicto el daño será mayor.
Pero Irán no tiene ninguna prisa en llegar a un acuerdo. Cuanto más se retrase la negociación más sufrirá la economía global y la norteamericana en particular. Estados Unidos tiene un poderoso ejército con una capacidad destructiva increíble pero puede caer en la trampa de una escalada bélica. De nuevo el recuerdo de Vietnam se hace presente. Poner más tropas, lanzar más bombas parece una medida bélica coherente para doblegar la voluntad del adversario.
Finalmente hay una consecuencia inesperada de la que Rusia es la gran beneficiada Vende sus gas y sus hidrocarburos al doble de precio y se le han levantado las sanciones para vender el gas. Con ello obtiene unos ingresos extras para financiar su conflicto en Ucrania.
China es la gran perjudicada. Es probable presione al regimen de los ayatolahs por sí misma o a través de Pakistán o la India, también perjudicadas, para poner fin a la guerra.
En los últimos días a Trump se le ha visto preocupado, cabizbajo, encogido. Sería sobrehumano no estarlo con la responsabilidad que soporta. Sus mensajes en las redes resultan reveladores de una mente en ebullición. Se le ha visto rezando, con los suyos en el despacho oval, apoyados unos contra otros en una posición de recogimiento espiritual. Se ha mostrado en las redes como un mesías portador de la luz y la sanación, pero también se ha manifestado como un ángel exterminador de civilizaciones.
Irán está sufriendo enormemente y pasando dificultades terribles. Y no hablo de los ayatolahs ni de los militares sino del ciudadano, del hombre ordinario que se gana la vida como mejor sabe. Irán es una sociedad autocrática, cerrada y sin opinión pública. Por lo que a ese ciudadano nadie le va a escuchar y nadie preguntará su opinión.
Estados Unidos es una sociedad abierta, democrática, donde los medios de opinión, las redes sociales, la prensa, tienen un peso específico. Existen empresas, farmacéuticas, tecnológicas, financieras para las que la guerra es una ruina. Para otras, sin embargo, es una bendición. Pero el Tesoro tiene sus límites y el contribuyente también.
Es fácil comenzar una guerra, no lo es tanto terminarla. JF Kennedy comenzó la guerra de Vietnam que tuvo que terminar Nixon. Trump se ha metido en un avispero y le resulta complicado terminar esta guerra y demostrar que ha ganado. Los iranies no se lo están poniendo fácil y nada hace suponer que van a aflojar la presión. Han sufrido mucho, tienen la rabia contenida y el orgullo de las naciones que en otro tiempo fueron poderosas: Los persas.

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