Pecado original
El texto corresponde a la "Dedicatoria" del libro del general cubano Enrique Collazo, "Los Americanos en Cuba". Fue publicado en 1905, tan solo tres años después de la proclamación de la Independencia cubana, y siete después de la derrota española en Cuba. El texto es durísimo y nunca me hubiera atrevido a escribir algo semejante. El problema es que Enrique Collazo acompañó al Teniente de Inteligencia Rowan a trasladar el mensaje de Calixto García para el presidente de los Estados Unidos McKinley. De una forma u otra fue complice de la situación que se generó tras el visto bueno de Estrada Palma, Máximo Gómez y Calixto García que aceptaron tropas norteamericanas en suelo cubano y les ofrecieron toda la colaboración logística y de combate necesaria para ganar la guerra.
Estados Unidos no se hubiera atrevido a invadir Cuba con 16.000 soldados sin la colaboración completa y total de los mambises. El general Ramón Blanco y gobernador de la plaza sugirió mediante varios mensaje transmitidos a mandos cubanos que los rebeldes colaboraran con los españoles para expulsar a los norteamericanos. Después conseguirían la independencia. Por supuesto los cubanos no se fiaron y dicha colaboración fue rechazada de plano.
La historia del nacimiento de Cuba como nación se inicia a finales del xviii y comienzos del xix con el surgimiento de una clase de intelectuales, plantadores, terratenientes y una burguesía incipiente formada por funcionarios, maestros, profesionales. Todos ellos están imbuidos por el espíritu de la ilustración y observan con admiración y envidia la reciente república democrática que ha surgido de las trece colonias.
En algunos de ellos se genera el deseo de la anexión, adherirse a la Unión como un Estado más. En otros el deseo de fundar una nueva República similar a la norteamericana y escapar de la monarquía absolutista de Fernando VII. Tal fue el deseo de Félix Valera o del propio José Martí. Otros todavía confían en transformar esa vieja y decadente monarquía en un Estado moderno similar al Reino Unido.
A medida que avanza el xix los anexionistas y los autonomistas van perdiendo adeptos en favor de los independentistas. La guerra de los diez años, 1868, la guerra chiquita 1880, la guerra necesaria 1895 son tres fases del mismo proceso por la independencia. En las dos primeras los mambises llegaron a un acuerdo con la metrópoli. En la tercera, 1895, es cuando interviene Estados Unidos.
Durante la realización de mi proyecto literario "Cuba no se vende" he tratado de encontrar documentación que me muestre los términos en que los cubanos negociaron la intervención norteamericana. No ha sido fácil responder a estas dos preguntas: ¿Engañaron los estadounidenses a los líderes cubanos? o ¿Fue su "ingenuidad" (1) y su enorme deseo de expulsar a los españoles lo que les llevó a aceptar una ayuda casi sin condiciones? Y cuando escribo ingenuidad entre comillas me refiero a su falta de veteranía política.
En mi opinión creo que la respuesta correcta es la segunda. Nadie podía permanece ajeno a las intenciones anexionistas de Estados Unidos, desde su fundación en 1776 hasta el 1898. Las manifestaciones de líderes norteamericanos y presidentes a lo largo del xviii y del xix fueron constantes e inequívocas a favor de la incorporación de Cuba a la Unión. El manifiesto de Ostende de 1854 no dejaba ninguna duda. Norteamérica pensaba conseguir Cuba por la diplomacia o por las armas. Es cierto que a comienzos del 98 una serie de acontecimientos, voladura del Maine, publicación de la carta de Dupuy de Lôme parecen desencadenar en la opinión pública un torbellino favorable a la guerra contra España. Pero no es menos cierto que el despacho oval se muestran cautos y saben que una guerra, para que sea una campaña breve y exitosa, debe contar necesariamente con la colaboración total de los rebeldes.
La enmienda Teller se aprobó el 20 de abril de 1898 y fue forzada porque existía entre muchos senadores, congresistas y en la propia opinión pública una corriente favorable a la independencia de Cuba y no a su anexión como se temían muchos expatriados y políticos que McKinley, Roosevelt y el senador Lodge pretendía conseguir. Esta enmienda forzaba a la Unión a conceder la independencia. Sin embargo una vez desalojados del poder los españoles y con toda la fuerza y el poder de una gran nación y con toda la maquinaria administrativa cubana en sus manos conseguir una constitución que favoreciera los intereses norteamericanos no resultaba difícil.
Calixto García, Máximo Gómez y Enrique Collazo, eran hombres de armas, su palabra solo tenía un sentido. Llevaban mucho tiempo combatiendo, sufriendo penalidades y viendo caer a sus camaradas. Todos habían perdido a familiares o amigos. Así que su deseo de poner fin a la guerra resulta comprensible y su "ingenuidad" explicable. Pagarían un alto precio. Se dieron cuenta demasiado tarde. Ni Martí, ni Antonio Maceo, ambos fallecidos el primero en el 95 y el segundo en el 96, habrían aceptado una negociación en los términos en los que lo hizo en Gobierno de la República en Armas con tropas norteamericanas en el terreno. Aunque sin duda esta afirmación no es mas que una opinión. Enrique Collazo, en su libro se lamenta, siete años más tarde, de la falta de visión de los representantes del Gobierno Cubano al rechazar la oferta del general español Ramón Blanco.
García, Gómez y Collazo comprobaron que habían liberado al genio de la botella y ahora no podían volver a meterlo en ella. El general Calixto Garcia desde Julio del 98 hasta su "oportuna" muerte en diciembre del 98 fue un dolor de cabeza continuo para los norteamericanos y para Estrada Palma.
Por ello su fallecimiento en Washington fue interpretado por la memoria popular como una muerte provocada. No existe, o por lo menos yo no lo he encontrado, ningún documento que avale dicha suposición.
Y finalmente volvemos al principio del artículo. Cuba nació con el pecado original de una libertad "concedida" no "ganada". Muchos autores cubanos, Roig de Leuchsenring, Foner, Pérez y otros han tratado de borrar ese pecado mostrando, con toda razón y fundamento, que los mambises "ganaron" la libertad de Cuba. Pero cometieron el terrible error de permitir que los norteamericanos se apoderaran de la victoria. Una victoria que era reconocida por España, y por todas las potencias europeas, cuando firmaba la cesión del territorio al pueblo de Estados Unidos, no a los mambises ni al Gobierno de la República en Armas. Y rubricaron ese error, con un segundo, en el que Calixto García no participó, al aceptar una constitución que convertía a Cuba en una neocolonia.
1.-"El Consejo de Gobierno de la República de Cuba, el que sugestionado por las noticias, que del exterior le enviaba el Representatante diplómatico de Cuba Sr Estrada Palma, empezó por entregar incondicionalmente el ejército cubano a los americanos" Enrique Collazo. Los Americanos en Cuba. I. Martínez. La Habana. 1905. Pág. 161
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